El ejercicio físico y la alimentación como ayuda para dejar de fumar

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Actualmente, mucha gente busca dejar el tabaco. Hay muchas buenas razones para intentar hacerlo, y es que su consumo prolongado puede aumentar el riesgo de tener problemas de salud en el futuro. Además, puede llegar a afectarnos incluso en el trabajo, y su compra supone un gasto adicional que podría evitarse. Aunque existen varias opciones para ayudar a dejarlo (parches de nicotina, cigarrillos electrónicos…), la que proponemos hoy, que puede ser muy efectiva, es la del ejercicio físico con ayuda de la alimentación.

fumar

Dejar de fumar es una experiencia estresante. El propio hecho de no fumar crea una gran ansiedad que afectará incluso a nuestra alimentación, además del miedo constante a una posible recaída. Sin embargo, la práctica regular de ejercicio físico (sumada a una correcta hidratación), puede suponer la vía de escape que te permita olvidar el tabaco definitivamente.

Efectos beneficiosos

La realidad es que practicando ejercicio de forma habitual conseguiremos suavizar los efectos del tabaquismo. Ya sea practicando algún deporte, o simplemente saliendo a correr, el ejercicio tendrá un efecto protector en el organismo que ayudará a prevenir cáncer de pulmón u otras enfermedades pulmonares, embolias y problemas respiratorios.

cigarro mata

Al margen de los efectos físicos, practicar deporte servirá de distracción (especialmente si lo hacemos acompañados), además de regular tus hábitos y suponer una ayuda para dormir mejor durante la noche. Sólo por el hecho de pasar un año sin fumar y practicando ejercicio conseguiremos reducir el riesgo de ataque al corazón a menos de la mitad.

Por otra parte, ahorraremos cantidades de dinero que, a largo plazo, pueden ser importantes, y los pulmones se irán recuperando. Además, en caso de ya ser deportista, la nicotina del tabaco es otro de los elementos que, al igual que el alcohol, afecta a nuestro rendimiento. Antes incluso que a los pulmones (fumar daña nuestra capacidad cardiopulmonar), afecta a los músculos, generando una fatiga adicional porque los oxidantes del humo alteran el proceso de oxidación-reducción de las células para obtener energía.

La alimentación también ayuda

El dejar el tabaco suele tener implicaciones en nuestra alimentación. La ansiedad del proceso suele llevarnos a descontrolar los hábitos alimenticios. Esto se agrava por el hecho de que el tabaco aumenta la frecuencia cardíaca y acelera el metabolismo, lo que lleva a mucha gente a engordar durante este periodo. Sin embargo, practicar ejercicio regular estimula todavía más el metabolismo, ayudándonos a controlar el peso con beneficios añadidos de salud.

Para controlar la ansiedad, puede ser de ayuda una dieta que incluya frutas y verduras ricas en vitaminas A y C (mango, piña, cítricos, tomate, pimientos…). Es importante también beber gran cantidad de agua al día (mínimo dos litros). Otro truco que puede dar sus frutos es intentar empeorar el sabor del tabaco a través de los alimentos. Ejemplos de ello pueden ser el queso, la leche, yogur, la fruta o los vegetales. Algunos (lácteos con vitamina B), además, ayudarán a eliminar la nicotina del organismo.

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