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Hay amigos y ‘amigos’ en el gimnasio

Tu amigo mirando si lo haces bien

Cuando somos principiantes en el gimnasio, lo normal es llamar a un amigo/a para que nos acompañe. Generalmente será alguno/a que ya haya ido allí y sepa de qué va el tema y cómo funciona cada máquina. Sin embargo debemos escoger a esa persona minuciosamente, porque si es por un impulso podremos cometer un grave error que nos haga pasar malos ratos en el centro deportivo durante nuestra estancia.

Vale, el gimnasio no es una actividad de ocio que nos vuelva locos y necesitamos que alguien nos motive de vez en cuando en los ejercicios, porque no siempre la música funciona. Pero, como hemos dicho, debemos escoger bien. Aunque a veces, cuando vamos solos, siempre vamos a coincidir, porque Murphy así lo quiere, con el típico asiduo al gimnasio que sabe de todo, y sobre todo de músculos. Aquel que nunca se ha formado en esto del entrenamiento personal pero que sabe qué decirte en el momento adecuado. Pero, ¡cuidado con el personaje!

Tanto esta persona como tu amigo de turno van a indicarte en todo momento cómo hacer un ejercicio u otro, cuántas repeticiones debes hacer, la intensidad que tienes que utilizar y la velocidad de ejecución así como el descanso entre series. Vale, lleva mucho tiempo ahí metido, pero no debemos fiarnos al 100% de él/ella por muy amigo cercano que sea.

Ayuda profesional en lumbares con pelota suiza

Lo más probable es que tu amigo haya leído en una revista o web un comentario de cómo se hace un ejercicio determinado, o haya visto en televisión algo parecido. Incluso ha podido decirle e indicarle un ejercicio el propio entrenador personal o monitor del gimnasio, pero no ha entendido el por qué se hace así y no de otra forma. Así que, en este caso, te lo explicará dando sus propios razonamientos, algo que será en un 99,9% erróneo.

Este hecho es el que normalmente provoca ver a gente que lleva muchas semanas en el gimnasio y no notan ninguna mejora desde que entró. Es más, es muy probable que si nos habituamos a hacer los ejercicios de una forma, con un número de repeticiones y series dadas, a una intensidad y descansando un determinado espacio de tiempo indicado siempre por nuestro colega de turno, todo ello erróneamente, acabaremos sufriendo alguna lesión. La espalda es la que tiene todas las papeletas.

Aquí los verdaderos culpables somos nosotros, que nos dejamos asesorar por alguien que, aunque sabemos que no está cualificado, es nuestro amigo y vamos a darle una oportunidad que parece que sabe lo que se hace. Lo más fácil es ir al monitor o entrenador personal de la sala fitness y que te haga una entrevista previa para poder adecuarte un entrenamiento totalmente personalizado, e incluso acompañado de una dieta.

Lo único que podemos agradecerle a nuestro ‘amigo’ es cuando nos ayude en las series con barras o mancuernas llegando al fallo muscular para que no nos hagamos daño. Sin embargo también los hay que no saben cómo ayudar y, a veces, vemos al monitor de sala corriendo hacia la zona de peso libre para ayudar al pobre usuario que no sabe qué amigos elegir para ir al gimnasio.

A veces te puedes juntar con el típico crack que sí que sabe lo que hace, pero no es normal esto. Si te cruzas con un máquina en el tema, adelante, únete a él/ella que te enseñará perfectamente todo, y será como tener un entrenador personal que, hoy en día, es un lujo tener uno.

Última actualización: 14 de March, 2014

JuanMi Guirado

Foto JuanMi Guirado

Performance Manager en Difoosion. Experto en marketing de afiliados, patrocinio y perfeccionamiento de medios. Ocho años de experiencia en el sector como redactor, formador y mánager de equipos. Mi perfil en LinkedIn

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