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esguince

Las lesiones son uno de los problemas más comunes y molestos entre los deportistas. Además de impedir el entrenamiento, suelen afectar incluso a la vida diaria, dificultando ciertas tareas o aportando dolores incómodos.

Una de los tipos de lesión más común es el esguince, especialmente el de tobillo, un problema que, sin ser a menudo excesivamente grave, acaba resultando difícil curar completamente.

A la hora de recuperarnos de un esguince, algunas pautas pueden ayudarnos a no retrasar más de lo necesario la vuelta a un buen estado, y también a prevenir que ocurra el problema.

Qué son los esguinces

El esguince de tobillo es muy común, y puede afectar a personas de todas las edades (no sólo deportistas), ya que simplemente apoyando mal el pie al caminar por una superficie irregular podemos acabar sufriendo el problema.

Los esguinces de tobillo, también llamados torceduras de tobillo, ocurren cuando hay un movimiento del pie que va más allá de sus límites.

Afectan a los ligamentos, con un estiramiento excesivo, torsión o rasgadura que produce inflamación (y un hematoma), con el consiguiente dolor y afectación de la movilidad de la zona.

Por tanto, podemos decir que se producen por exigencias excesivas en el movimiento en determinadas articulaciones, en este caso el tobillo.

Afectan a los ligamentos normalmente por el estiramiento excesivo, pero no debemos confundirlas con la luxación o el desgarro.

Estas otras son lesiones más severas con distintas implicaciones que debemos tener en cuenta, como la afectación de los cambios de posición de la articulación, o el propio tejido muscular.

Hay distintos grados de afectación, el leve (grado 1), el moderado (grado 2) y el severo (grado 3). En los esguinces de grado 1 se trata de una distensión parcial del ligamento, sin rotura ni arrancamiento.

En los de grado 2 sí hay una rotura total o parcial, y en el caso de los de grado 3 existe una rotura total con arrancamiento óseo, que necesita tratamiento quirúrgico y suele dejar ciertas secuelas.

Cómo tratarlos

esguince calderón

En primer lugar, debemos asegurarnos de que se trata de un esguince. Una vez diagnosticado, preferiblemente por un médico, y sabiendo que la gravedad no es excesiva, las pautas habitualmente seguidas para curarlos pasa generalmente por el reposo.

Si dejamos descansar el tobillo, completa o parcialmente, durante el tiempo que sintamos dolor, es más probable que consigamos una recuperación completa.

No hay que forzar el tobillo, evitando apoyarnos en él. Algo que puede suponer una ayuda complementaria es elevar el pie, ya que al mantenerlo por encima del nivel del corazón la hinchazón se verá reducida.

Convertir esto en un hábito durante un tiempo, entre dos y tres horas diarias, es recomendable.

Otro sistema que ayuda a reducir la hinchazón es mantener el tobillo vendado, al menos durante unos días, aunque pueden llegar a ser necesarias algunas semanas.

El hielo, colocándonos bolsas en la zona afectada, puede reducir la sensibilidad de la zona, lo que es muy útil en esta situación porque reduce el dolor, además de los conocidos efectos antiinflamatorios que tiene

Para prevenir los esguinces, es muy útil calentar y estirar bien los músculos antes de realizar cualquier actividad física, y evitar superficies irregulares en la medida de lo posible.

Utilizar un calzado adecuado también es una medida necesaria, y tanto para el deporte como para la vida diaria se debe elegir con suficiente estabilidad.

Es conveniente evitar los tacones altos si aún se está en periodo de recuperación, especialmente.

Última actualización: 16/12/2013 a las 10:00

Pablo Pérez Grau

Foto Pablo Pérez Grau

Arquitecto recién licenciado. Amante del deporte en todas las formas posibles y casi obsesionado con la alimentación sana. Loco por la tecnología y por cualquier objeto trasteable.

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