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Vigorexia, cuando el ejercicio se convierte en obsesión

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La vigorexia, también conocida como dismorfia muscular, es un trastorno del comportamiento en el que una excesiva y obsesiva preocupación por el físico acaba distorsionando la percepción del propio cuerpo. Los problemas que puede ocasionar van evidentemente más allá de lo estético, siendo normal caer en hábitos nada adecuados o saludables. Los principales afectados (aunque no los únicos) son los hombres entre 18 y 35 años, ¿crees que tú puedes ser propenso a padecer este trastorno?

La vigorexia, cuando una normal preocupación por el físico y el trabajo en el gimnasio acaban desvariando hacia una obsesión, es un trastorno similar a la anorexia nerviosa. Hay que diferenciar entre un cuidado muy exhaustivo del cuerpo y la dismorfia muscular, en la que hay perjuicios sobre el organismo. Éstos se producen por ejemplo al caer en dietas en las que los lípidos se reducen de forma extrema y las proteínas y carbohidratos se consumen en exceso, lo cual puede provocar alteraciones metabólicas. También es habitual el consumo de anabolizantes, que generalmente traen problemas asociados a corto y largo plazo.

Cómo tratarla y reconocerla

Los vigoréxicos suelen entrenar un número excesivo de horas y sin una meta deportiva, sino de mejora de la imagen física a cualquier precio. Para tratar el problema, los medios son similares a los de los trastornos de la alimentación, siendo necesario reconocerlo y realizando controles clínicos periódicamente para ir comprobando los posibles problemas orgánicos.

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Es importante cumplir con una dieta adecuada y equilibrada, hecha por un nutricionista especializado en trastornos de la alimentación si es necesario, de la misma forma que el plan de entrenamiento debe adaptarse a unos parámetros adecuados. Además, más a menudo de lo que parece, menos es más.

En cuanto a los indicadores que nos dicen cuándo puede estar produciéndose el problema, ya he dicho que las edades más habituales a las que se produce son entre los 18 y los 35 años. La percepción de uno mismo es de un físico escuálido aunque no corresponda con la realidad, y la conducta llega a ser similar a una adicción. Se llega a sentir mucha ansiedad, culpa y mal humor cuando no se puede asistir al entrenamiento, y la autoestima suele ser baja.

En cualquier caso, se acepte o no que la vigorexia es una enfermedad, o considerar si la padecemos, es importante mantener unos hábitos alimenticios adecuados y dentro de lo equilibrado, disfrutando del entrenamiento sin sufrir si no puede realizarse, y evitar a toda costa complementos perjudiciales como los anabolizantes, ya que acabarían pasando factura.

Última actualización: 14 de marzo, 2014

Pablo Pérez Grau

Foto Pablo Pérez Grau

Arquitecto recién licenciado. Amante del deporte en todas las formas posibles y casi obsesionado con la alimentación sana. Loco por la tecnología y por cualquier objeto trasteable.

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