En alimentación, lo barato puede salir caro

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Todos buscamos comprar siempre al mejor precio posible productos de calidad, y en la alimentación no suele ser diferente. Es habitual ver productos aparentemente iguales a precios muy distintos, y es importante aprender a diferenciar cuándo este incremento del precio se debe simplemente a la marca (por su publicidad y demás), o depende de la calidad del producto (control del mismo, selección de materias primas o su composición). En este artículo te diremos en qué debes fijarte a la hora de decidir entre los distintos alimentos según su calidad-precio.

Qué define la calidad

Hay algunos factores que permiten determinar si un producto es de calidad según su composición. Entre ellos, tenemos el tipo de grasas que contiene. La información nutricional no siempre aporta información detallada, pero es preferible que ponga, por ejemplo, que contiene aceite de oliva o girasol, a que simplemente ponga que contiene aceites vegetales. Esto último no suele ser buena señal, y a veces se trata de grasas hidrogenadas, que no son nada recomendables para la salud.

El colesterol que contienen los alimentos también es buen indicador. Hay que fijarse en esta cifra y buscar que sea lo más baja posible, lo contrario (según el producto) podría incluso significar que los añadidos perjudiciales han hecho que la proporción de alimento principal sea menor que cuando lo comparamos con otro parecido (y probablemente más caro).

Otra cosa en la que hay que fijarse es el contenido de sal y azúcar, así como las vitaminas y minerales, y especialmente los aditivos. Sobre esto último, hay que saber que en ocasiones se emplean más de la cuenta, y aunque den sabor y olor al alimento no son sinónimo de buena calidad.

Variaciones de precios

Comprando

Como comentaba, productos muy parecidos a menudo tienen precios bien diferentes según la marca, pero la diferencia no siempre está justificada. Con la leche, uno de los productos donde más variaciones encontramos en los precios, las marcas aseguran que el incremento de precio se debe a las mayores inversiones en innovación y a los mejores controles de calidad y cuidado de la elaboración, por lo que es difícil valorar cuándo merece la pena y cuándo no.

En la carne, por ejemplo, los productos se clasifican según la parte del animal de la que se extrae, por lo que el factor calidad-precio depende mucho de este factor. Un solomillo de primera (filete de babilla) será de mayor calidad que uno de segunda (de la parte más baja de la pierna), por lo que generalmente será también más caro, pero hasta cierto punto la diferencia de precio puede estar justificada.

En el caso de los embutidos, la información nutricional suele ser muy reveladora, ya que las variaciones de grasa entre unos productos y otros son enormes, siendo la mayoría saturada. En el pan de molde es importante también fijarse en la procedencia de la grasa según el aceite, e incluso en la bollería industrial, pese a que suelen usarse aceites de palma o coco (aportan grasas hidrogenadas), hay variaciones en el contenido de grasas de entre un 15 y un 30% según la marca.

Todo esto abarca muchos más productos y factores, pero la conclusión es que siempre es muy importante fijarse en profundidad en la información que tengamos sobre los alimentos a la hora de decidir si merecen o no la pena los incrementos de precios entre ellos.

Archivado en Barato, Carnes, Lácteos, Perjudicial, Saludable
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