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El ácido láctico no es tan malo como parece

acido lactico Los efectos fisiológicos que se producen en nuestro organismo cuando corremos o practicamos cualquier otra actividad física son tan diversos como complejos de entender. Un componente que ha sido estudiado a lo largo de la historia moderna del deporte es el ácido láctico, también conocido como lactato. Dicha importancia quizá se debe a su relación con el rendimiento deportivo pero múltiples creencias aparecen en el entrenamiento al creer que el ácido láctico es un producto de desecho a evitar, cuya presencia hace alejarnos de nuestros objetivos. Todo lo contrario, el lactato no es tan perjudicial como aparenta y aquí te explicamos las razones.

En primer lugar cabe señalar que el ácido láctico también se forma cuando estamos en reposo, no solamente cuando nos movemos en una determinada modalidad física. Sin embargo cuando comenzamos a movilizarnos activamente los niveles de lactato comienzan a ascender. La intensidad del ejercicio será la que marque la cantidad de mmol/l en la persona. Sin embargo existe un punto a partir del cual se comienza a acumular exponencialmente, es el denominado umbral anaeróbico.

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Antes de llegar a ese momento de acumulación tu cuerpo utiliza el lactato como intermediario en el proceso de obtención de energía, reciclándose y favoreciendo que la actividad física pueda continuar si otros factores no lo impiden. En otras palabras cuando tu metabolismo utiliza la glucosa para generar energía se da como producto ácido láctico que es utilizado también para tal fin. Sin ningún tipo de acumulación.

Hablemos ahora del momento en que la intensidad comienza a ascender y sobrepasamos nuestro umbral, empezando a acumular ácido láctico. Son muchos los que atribuyen la acidosis del organismo a la presencia en mayor medida de lactato, pero no es así. Aunque coinciden la causa de dicha acidosis es la presencia de iones hidrógeno que dificultan la obtención de energía.

El ácido láctico no es el principal culpable de la fatiga, es más, puede favorecer que seamos capaces de aguantar más tiempo a intensidades más elevadas. Este tipo de entrenamiento se corresponde con los estímulos de tolerancia al lactato, entrenando en umbrales cercanos al anaeróbico. De ahí radica la importancia en el rendimiento de hacerse pruebas de esfuerzo para individualizar las intensidades del entrenamiento

Como dijimos en otro artículo, ya existe tecnología para medir el lactato como el sensor de Kenzen para especificar qué cantidad de ácido láctico estamos generando. Por lo tanto, y a modo de conclusión, podríamos afirmar que el lactato no es tan enemigo como a veces creemos ya que contribuye a que mantengamos la actividad intensa el mayor tiempo posible.

Última actualización: 1 de March, 2015

Javier Felipe López

Foto Javier Felipe López

Graduado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Entrenador personal, preparador físico y miembro de la familia Difoosion. Creyente del ejercicio como medio para mejorar la calidad de vida. Consultas y planes de entrenamiento personalizados a través de javier.felipe@sportadictos.com

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